VERGUENZA
como la hierba que bajo al rocio
y desconoceran mi taz gloriosa
las altas canas cuando baje al rio.
Tengo verguenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas;
ahora que me miraste y que veniste,
me encontre pobre y me palpe desnuda.
Ninguna piedra en el camino hallaste
mas desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oiste su canto, la mirada.
Yo callare para que no conozcan
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fugor que da a mi frente tosca
y en la tremolicion que hay en mi mano
Es noche y baja a la hierba el rocio;
mirame largo y habla con ternura,
que ya manana al descender al rio
la que besaste llevara hermosura!
No hay un rayo de sol que los alcance un dia?
No hay agua que los lave de sus estigmas rojas?
Para ellos solamente queda tu entrana fria,
sordo tu fino oido, apretados tus ojos?
Tal el hombre asegura por error o malicia;
mas yo, que te he gustado, como vino, Senor,
mientras los otros sigan llamandote Justicia
no te llamare nunca otra cosas que Amor!
Yo se como el hombre fue siempre zarpa dura:
la catarata, vertigo: aspereza la sierra,
tu eres el vaso donde, se esponjan de dulzura
los nectarios de todos los huertos de la Tierra!
Gabriela Mistral

VAMOS JUNTOS
vamos juntos companiero
companiero te desvela
la misma suerte que a mi
prometiste y prometi
encender esta candela
con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos companiero
la muerte mata y escucha
la vida viene despues
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha
con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos companiero
la historia tanie sonora
su leccion como campana
para gozar el maniana
hay que pelear el ahora
con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos companiero
ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes
con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos companiero
algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia
con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos companiero.
Mario Benedetti

ADIOS
dijimos adioses
sin decir adios.
Y no fue verdad
la alucinacion.
Ni tu la creiste
ni la creo yo,
y es cierto y no es cierto
como en la cancion.
Que yendo hacia el Sur
diciendo iba yo:
~Vamos hacia el mar
que devora al Sol.
Y yendo hacia el Norte
decia tu voz:
~Vamos a ver juntos
donde se hace el Sol.
Ni por juego digas
o exageracion
que nos separaron
tierra y mar, que son
ella, sueno y el
alucinacion.
No te digas solo
ni pida tu voz
albergue para uno
al albergador.
Echaras la sombra
que siempre se echo,
morderas la duna
con paso de dos
Para que ninguno,
ni hombre ni dios,
nos llame partidos
como luna y sol;
para que ni roca
ni viento errador,
ni rio con vado
ni arbol sombreador,
aprendan y digan
mentira o error
del Sur y del Norte,
del uno y del dos!
Gabriela Mistral

TE QUIERO
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia
si te quiero es porque sos
mi amor mi complice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho mas que dos
tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro
tu boca que es tuya y mia
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldia
si te quiero es porque sos
mi amor mi complice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho mas que dos
y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero
y porque amor no es aureola
ni candida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no esta sola
te quiero en mi paraiso
es decir que en mi pais
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso
si te quiero es porque sos
mi amor mi complice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho mas que dos.
Mario Benedetti

CUARTA CARTA
Dos cosas semejantes a una
tercera son iguales entre si.
He aqui un axioma que debia ahorrarme el
trabajo de escribir una nueva carta.
Sin embargo, yo mismo conozco que esta
conclusion matematica, que en efecto lo parece,
asi puede ser una verdad como un sofisma.
La logica sabe fraguar razonamientos inatacables
que, a pesar de todo, no convencen.
Con tanta facilidad se sacan deducciones
precisas de una base falsa!
En cambio, la conviccion intima suele persuadir,
aunque en el metodo del raciocinio reine el mayor
desorden. Tan irresistible es el acento de la fe!
La religion es amor y, porque es amor, es poesia.
He aqui el tema que me he propuesto desenvolver hoy.
Al tratar un asunto tan grande en tan corto espacio
y con tan escasa ciencia como la de que yo dispongo,
solo me anima una esperanza. Si para persuadir
basta creer, yo siento lo que escribo.
Hace ya mucho tiempo -yo no te conocia y con
esto excuso el decir que aun no habia amado-,
senti en mi interior un fenomeno inexplicable.
Senti, no dire un vacio, porque sobre ser vulgar,
no es esta la frase propia; senti en mi alma y en
todo mi ser como una plenitud de vida, como un
desbordamiento de actividad moral que, no
encontrando objeto en que emplearse, se elevaba
en forma de ensuenios y fantasias, ensuenios y
fantasias en los cuales buscaba en vano la expansion,
estando como estaban dentro de mi mismo.
Tapa y coloca al fuego un vaso con un liquido
cualquiera. El vapor, con un ronco hervidero,
se desprende del fondo, y sube, y pugna por salir,
y vuelve a caer deshecho en menudas gotas, y
torna a elevarse, y torna a deshacerse, hasta que
al cabo estalla comprimido y quiebra la carcel que lo
detiene. Este es el secreto de la muerte prematura y
misteriosa de algunas mujeres y de algunos poetas,
arpas que se rompen sin que nadie haya arrancado
una melodia de sus cuerdas de oro. Esta es la
verdad de la situacion de mi espiritu, cuando
acontecio lo que voy a referirte.
Estaba en Toledo, la ciudad sombria y melancolica
por excelencia. Alli cada lugar recuerda una historia,
cada piedra un siglo, cada monumento una civilizacion;
historias, siglos y civilizaciones que han pasado y
cuyos actores tal vez son ahora el polvo oscuro
que arrastra el viento en remolinos, al silbar en sus
estrechas y tortuosas calles. Sin embargo, por un
contraste maravilloso, alli donde todo parece muerto,
donde no se ven mas que ruinas, donde solo se
tropieza con rotas columnas y destrozados capiteles,
mudos sarcasmos de la loca aspiracion del hombre a
perpetuarse, diriase que el alma, sobrecogida de
terror y sedienta de inmortalidad, busca algo eterno
en donde refugiarse, y como el naufrago que se ase
de una tabla, se tranquiliza al recordar su origen.
Un dia entre en el antiguo convento de San Juan
de los Reyes. Me sente en una de las piedras de su
ruinoso claustro y me puse a dibujar. El cuadro que
se ofrecia a mis ojos era magnifico. Largas hileras de
pilares que sustentan una boveda cruzada de mil
y mil crestones caprichosos; anchas ojivas caladas,
como los encajes de un rostrillo; ricos doseletes de
granito con caireles de yedra que suben por entre
las labores, como afrentando a las naturales;
ligeras creaciones del cincel que parecen han de
agitarse al soplo del viento; estatuas vestidas de
luengos panios que flotan, como al andar; caprichos
fantasticos, gnomos, hipogrifos, dragones y reptiles
sin numero que ya asoman por cima de un capitel,
ya corren por las cornisas, se enroscan en las
columnas, o trepan babeando por el tronco de las
guirnaldas de trebol; galerias que se prolongan y
que se pierden, arboles que inclinan sus ramas sobre
una fuente, flores risuenias, pajaros bulliciosos
formando contraste con las tristes ruinas y las
calladas naves, y por ultimo, el cielo, un pedazo
de cielo azul que se ve mas alla de las crestas de
pizarra de los miradores a traves de los calados
de un roseton.
En tu album tienes mi dibujo; una reproduccion
palida, imperfecta, ligerisima, de aquel lugar, pero
que no obstante puede darte una idea de su
melancolica hermosura. No ensayare, pues,
describirtela con palabras, inutiles tantas veces.
Sentado, como te dije, en una de las rotas piedras,
trabaje en el toda la maniana, torne a emprender
mi tarea a la tarde, y permaneci absorto en mi
ocupacion hasta que comenzo a faltar la luz.
Entonces, dejando a un lado el lapiz y la cartera,
tendi una mirada por el fondo de las solitarias
galerias y me abandone a mis pensamientos.
El sol habia desaparecido. Solo turbaban el alto
silencio de aquellas ruinas el monotono rumor del
agua de la fuente, el tremulo murmullo del viento
que suspiraba en los claustros, y el temeroso y
confuso rumor de las hojas de los arboles que
parecian hablar entre si en voz baja.
Mis deseos comenzaron a hervir y a levantarse
en vapor de fantasias.
Busque a mi lado una mujer, una persona a
quien comunicar mis sensaciones. Estaba solo.
Entonces me acorde de esta verdad que habia
leido en no se que autor:
«La soledad es muy hermosa… cuando se tiene
junto a alguien a quien decírselo».
No había aún concluido de repetir esta frase
célebre, cuando me pareció ver levantarse a mi
lado y de entre las sombras una figura ideal,
cubierta con una túnica flotante y ceñida la frente
de una aureola. Era una de las estatuas del
claustro derruido, una escultura que, arrancada
de su pedestal y arrimada al muro en que me había
recostado, yacía allí, cubierta de polvo y medio
escondida entre el follaje, junto a la rota losa de un
sepulcro y el capitel de una columna. Más allá, a lo
lejos y veladas por las penumbras y la oscuridad de
las extensas bóvedas, se distinguían confusa me
pareció ver levantarse a mi lado y de entre las
sombras una figura ideal, cubierta con una túnica
flotante y ceñida la frente de una aureola.
He aquí, exclamé, un mundo de piedra: fantasmas
inanimados de otros seres que han existido y cuya
memoria legó a las épocas venideras un siglo de
entusiasmo y de fe. Vírgenes solitarias, austeros
cenobitas, mártires esforzados que, como yo,
vivieron sin amores ni placeres; que, como yo,
arrastraron una existencia oscura y miserable,
solos con sus pensamientos y el ardiente corazón
inerte bajo el sayal, como un cadáver en su
sepulcro. Volví a fijarme en aquellas facciones
angulosas y expresivas; volví a examinar aquellas
figuras secas, altas, espirituales y serenas, y
proseguí diciendo: «¿Es posible que hayáis vivido
sin pasiones, ni temor, ni esperanzas, ni deseos?
¿Quién ha recogido las emanaciones de amor que,
como un aroma, se desprenderían de vuestras almas?
¿Quién ha saciado la sed de ternura que abrasaría
vuestros pechos en la juventud? ¿Qué espacios sin
límites se abrieron a los ojos de vuestros espíritus,
ávidos de inmensidad, al despertarse al
sentimiento…?» La noche había cerrado poco
a poco. A la dudosa claridad del crepúsculo había
sustituido una luz tibia y azul; la luz de la luna que,
velada un instante por los oscuros chapiteles de la
torre, bañó en aquel momento con un rayo plateado
los pilares de la desierta galería.
Entonces reparé que todas aquellas figuras, cuyas
largas sombras se proyectaban en los muros y en el
pavimento, cuyas flotantes ropas parecían moverse,
en cuyas demacradas facciones brillaba una expresión
de indescriptible, santo y sereno gozo, tenían sus
pupilas sin luz, vueltas al cielo, como si el escultor
quisiera semejar que sus miradas
se perdían en el infinito buscando a Dios.
A Dios, foco eterno y ardiente de hermosura,
al que se vuelve con los ojos, como a un polo
de amor, el sentimiento de la tierra.
Escritas en el El Contemporáneo
el 23 de abril. 1861

PARPADEO
piedra a piedra me agravia
ya que no tengo tiempo de bajar hasta el mar
y escuchar su siniestra horadante alegria
ya que no tengo tiempo de acumular nostalgias
debajo de aquel pino perforador del cielo
ya que no tengo tiempo de dar la cara al viento
y oxigenar de veras el alma y los pulmones
voy a cerrar los ojos y tapiar los oidos
y verter otro mar sobre mis redes
y enderezar un pino imaginario
y desatar un viento que me arrastre
lejos de las intrigas y las maquinas
lejos de los horarios ylos pelmas
pero puertas adentro es un fracaso
este mar que me invento no me moja
no tiene aroma el arbol que levanto
y mi huracan suplente ni siquiera
sirve para barrer mis odios secos
Mario Benedetti
















