Adios
Dejo ese cielo, do broto la llama que me abrasa y me inspira,
dejo cuanto amo yo, cuanto me ama!… Te dejo a ti, mi Elvira!
Y, abandonando tanto bien seguro, mirar solo anhelante,
ignorado, fatidico y oscuro, un porvenir distante!
Que busco lejos del bendito suelo donde rodo mi cuna?
Un nombre acaso que me niega el cielo, una varia fortuna!
Una lucha incesante, que atormente mis mas floridos anios!
un desenganio acaso en mi creciente serie de desenganios!
Y parto, empero, como parte el ave, cumpliendo mi destino.
Ah! solo Dios lo que me aguarda sabe al fin de mi camino!
Quizas el peso de mi amargo duelo mi cuerpo al fin sucumba,
y tristes sauces en extranio suelo, sombra den a mi tumba.
Mas ay! cuando te tengo en mi presencia y voy pronto a perderte,
que he de temer? Acaso no es la ausencia mas triste que la muerte?
Cuando del cuerpo, en rapto victorioso, rompiendo las cadenas,
busca el alma, con vuelo majestuoso regiones mas serenas;
Cuando en el cielo, en su inmortal asiento, aura de Dios la halaga,
o entra los leves atomos del viento, como un perfume, vaga;
Lo es dado aun de los que amo en el mundo vivir la misma vida,
y ser, en el misterio mas profundo, su protectora egida.
Vagar en torno, de la luna fria en rayo amarillento, ver su llanto,
gozar con su alegria, leer su pensamiento.
Ah! yo no temo que el sepulcro frio me abra enemiga suerte!
No es cierto que es la ausencia, encanto mio, mas triste que la muerte?
Adios! el tiempo se desliza en tanto; la hora fatal ya suena.
Ah! pueda pronto mitigar tu llanto un aura mas serena!
Nunca me olvides, y al Eterno implora en oracion ferviente.
Adios! ya el blanco velo de la aurora rasga el sol en oriente!

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