Alvaro Armando Vasseur – Nunca mas
Aquella noche de bodas en tu soberbia mansion
tus amigas fueron todas, tus amigos…, menos yo.
Deslumbrarian las gemas de tu tocado falaz,
y el nimbo de blancas yemas, y el regio velo nupcial.
Palpitarian las pomas pectorales de tu ser,
como dos blancas palomas, por algo que no dire…
Alguna angustia inefable acaso te poseyo,
cuando el domine impecable, echoles su bendicion.
Ningun estremecimiento quiza se te percibio;
pero alla en tu pensamiento…
pero alla en tu corazon…
Sonreirias sirenaica
mintiendo un aire feliz como una vestal arcaica,
elegida entre diez mil.
Deslumbrarian las gemas de tu tocado falaz,
y el nimbo de blancas yemas, y el regio velo nupcial.
Aquella noche de bodas en tu soberbia mansion
tus amigas fueron todas, tus amigos…, menos yo.
Ha poco, nos encontramos, no recuerdas donde fue?
Apenas nos saludamos, tu muy grave, yo tambien.
Despues…, pasaron los meses sin volvernos a encontrar;
yo pensaba muchas veces: Nos veremos? Nunca mas? Nunca mas?
Que desenlace de una tal intimidad!
Y me mordia la frase como a Poe: NUNCA MAS!
Oh, que sufrir tan profundo con el recuerdo fatal,
preguntando a todo el mundo como un ninio: NUNCA MAS?
Y algunos que comprendian de mi alma la ansiedad,
en secreto me decian: -Ella le ama-, -busquela-.
Pero los mas se alegraban con una risa jovial,
y como el cuervo exclamaban: -Caballero: NUNCA MAS!-.
Y las sombras de la noche, y las brisas de la mar,
y las cosas familiares, repetian: NUNCA MAS!
-Nunca mas-, me perseguia por doquiera, sin cesar;
hasta en suenios siempre oia como un loco, el NUNCA MAS!
Cuantas veces desolado, disparabame al azar,
como huyendo del malvado, del horrible: NUNCA MAS!
Y aquella que no se nombra complaciase en mi mal,
pues su sombra era mi sombra que evocaba el NUNCA MAS!
Hasta que un dia cansado de tan horrible obsesion,
di en pasar, embozado por la calle de mi amor.
Y al ver la casa cerrada y enlutado su aldabon,
tuve una corazonada al pensar: cual de los dos?
Cual de los dos? y subi ebrio de un afan atroz;
si era El que frenesi! si era Ella que dolor!
Y cuando le vi tendido, con su lividez mortal,
por tres veces al oido susurrele el NUNCA MAS!
Y cuando toda enlutada, ella al fin dejose ver,
y con su doble mirada arrodillose a mis pies;
Yo, sin saber lo que hacia o sabiendolo quiza,
repeti como solia: Nunca nunca, nunca mas!!

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