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Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes
a tus ojos oceanicos.
Alli se estira y arde en la mas alta hoguera
mi soledad que da vueltas los brazos como un naufrago.
Hago rojas seniales sobre tus ojos ausentes
que olean como el mar a la orilla de un faro.
Solo guardas tinieblas, hembra distante y mia,
de tu mirada emerge a veces la costa delespanto.
Inclinado en las tardes echo mis tristes redes
a ese mar que sacude tus ojos oceanicos.
Los pajaros nocturnos picotean las primeras estrellas que centellean como mi alma cuando te amo.
Galopa la noche en su yegua sombria
desparramando espigas azules sobre el campo.
Para que tu me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Mas que mias son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan asi por las paredes humedas.
Eres tu la culpable de este juego sangriento.
Ellas estan huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tu, todo lo llenas.
Antes que tu poblaron la soledad que ocupas,
y estan acostumbradas mas que tu a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tu me oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aun las suele arrastrar. Huracanes de suenios aun a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas suplicas. Amame, companiera. No me abandones. Sigueme.
Sigueme, companiera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiniendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tu, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.
En su llama mortal la luz te envuelve.
Absorta, palida, doliente, asi situada
contra las viejas helices del crepusculo
que en torno a ti da vueltas.
Muda, mi amiga,
sola en lo solitario de esta hora de muertes
y llena de las vidas del fuego,
pura heredera del dia destruido.
Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro.
De la noche las grandes raices
crecen de subito desde tu alma,
y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas,
de modo que un pueblo palido y azul
de ti recien nacido se alimenta.
Oh grandiosa y fecunda y magnetica esclava
del circulo que en negro y dorado sucede:
erguida, trata y logra una creacion tan viva
que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.
Te recuerdo como eras en el ultimo otonio.
Eras la boina gris y el corazon en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepusculo
Y las hojas caian en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogian tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardia.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otonio:
boina gris, voz de pajaro y corazon de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caian mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navio. campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma! Mas alla de tus ojos ardian los crepusculos.
Hojas secas de otonio giraban en tu alma.
Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma
y te tuerces en lentas espirales de humo.
Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdio todo, y el que todo lo tuvo.
Ultima amarra, cruje en ti mi ansiedad ultima.
en mi tierra desierta eres la ultima rosa.
Ah silenciosa!
Cierra tus ojos profundos. Alli aletea la noche.
Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.
Tienes ojos profundos donde la noche alea.
Frescos brazos de flor y regazo de rosa.
Se parecen tus senos a los caracoles blancos.
Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra.
Ah silenciosa!
He aqui la soledad de donde estas ausente.
Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.
El agua anda descalza por las calles mojadas.
De aquel arbol se quejan, como enfermos, las hojas.
Abeja blanca, ausente, aun zumbas en mi alma.
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.
Ah silenciosa!